Dimensión formativa: Promover procesos de formación litúrgica para sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas, ministros laicos y agentes pastorales, ayudando a comprender el sentido teológico, espiritual y pastoral de las celebraciones.
Dimensión celebrativa: Cuidar que las celebraciones litúrgicas se realicen con dignidad, orden, sobriedad y fidelidad a las normas de la Iglesia, favoreciendo una participación activa y consciente de los fieles.
Dimensión sacramental: Acompañar la correcta preparación y celebración de los sacramentos, ofreciendo orientaciones que ayuden a vivirlos como encuentro con Cristo y expresión de la fe de la Iglesia.
Dimensión ministerial: Fortalecer el servicio de lectores, salmistas, acólitos, ministros extraordinarios de la comunión, equipos de acogida, coros y demás servidores de la liturgia, promoviendo su formación y sentido eclesial.
Dimensión espiritual: Ayudar a que la liturgia sea vivida como escuela de oración, encuentro con Dios y fuente de vida cristiana, superando una visión meramente funcional o externa de las celebraciones.
Dimensión pastoral: Acompañar a las parroquias en la organización de sus celebraciones, especialmente en los tiempos fuertes del año litúrgico, fiestas patronales, solemnidades, celebraciones arquidiocesanas y momentos especiales de la vida eclesial.
Dimensión musical: Promover una adecuada animación musical de la liturgia, cuidando que los cantos estén en consonancia con el tiempo litúrgico, el sentido de la celebración y la participación orante de la asamblea.
Dimensión de asesoría: Servir como instancia de consulta, orientación y acompañamiento en asuntos litúrgicos, ayudando a resolver dudas y a unificar criterios celebrativos en la Arquidiócesis.
Dimensión de comunión eclesial: Favorecer que la liturgia exprese la unidad de la Iglesia diocesana, en comunión con el Arzobispo, las parroquias y las orientaciones de la Iglesia universal.