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Arquidiócesis

El Arzobispo de Quito, Mons. Alfredo Espinoza, sdb, celebró su décimo aniversario de Ordenación Episcopal

Quito, 18 de enero de 2024

José Colmenárez.-

Este 18 de enero, desde la Parroquia San Juan Bautista de Cotocollao y sede de la Vicaría Episcopal Territorial Inmaculada Concepción de María, el Arzobispo de Quito, Mons. Alfredo José Espinoza Mateus, sdb, conmemoró su décimo aniversario de Ordenación Episcopal. Lo hizo acompañado de sus obispos auxiliares, Mons. Danilo Echeverría, Mons. David de la Torre, sscc y Mons. Max Ordóñez; del Obispo Castrense del Ecuador, Mons. José Miguel Asimbaya, y un gran número de sacerdotes del clero de Quito y otras comunidades religiosas.

Al inicio de la ceremonia, el Arzobispo agradeció por estos diez años "de aventura episcopal y aventura de vida", y puso ante el altar del Señor la Diócesis de Loja, su "primer amor episcopal", y a la Arquidiócesis de Quito, donde con carisma salesiano, ha sembrado y construido puentes de fraternidad.

Durante la homilía, Mons. Espinoza recordó que, al ser nombrado Obispo de Loja, se hizo la pregunta "¿por qué a mí?", pero mediante la oración decidió responder “Si” a la llamada del Señor y "lanzarse a un mar nuevo, tener listas las redes, pues el Señor el que me pedía ser 'Pescador de hombres', en un mar desconocido, y ello comprendía iniciar una aventura nueva confiando con todo el corazón en Dios".

Tras haber sido nombrado Arzobispo de Quito, recordó que no fue fácil dejar Loja, pero prometió servir con entrega y dar su vida en la "Carita de Dios". "He recorrido y visitado todas las parroquias, conozco el nombre y la vida de todos mis sacerdotes, sé en dónde están, busco ser cercano con todos, me esfuerzo en comprenderlos, pero sobre todo, los amo como un padre ama a sus hijos", explicó.

Mons. Espinoza añadió que, durante estos diez años de servicio episcopal, ha ordenado cincuenta y cuatro sacerdotes y cincuentaiún diáconos, entre diocesanos y religiosos, al mismo tiempo que explicó que es Dios quien lo sostiene en este camino episcopal y es a él a quien busca anunciar con alegría en todo momento.

Finalmente, reiteró que tiene "un corazón grande y limpio, que sabe amar, esperar comprender, perdonar, y que sabe 'soñar', y soñar con el corazón”.

“A ustedes, a todos ustedes, pero de manera especial a mis sacerdotes, los invito a soñar con una nueva Iglesia de Quito, una Iglesia en salida, cercana, tierna y misericordiosa. Soñar con una Iglesia Fraterna y soñar, como marca hoy el camino eclesial, con una Iglesia sinodal de comunión, participación y misión", concluyó.