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"Abrirnos a la fe en la Resurrección de Jesús"

HOMILÍA DEL DOMINGO DE PASCUA

Quito, 04 de abril de 2021

por Mons. Alfredo José Espinoza Mateus, sdb

Hoy es un día de alegría, es un amanecer festivo, lleno de esperanza. Es un día de encuentro con el Resucitado. La Pascua no es una fiesta más. Es la fiesta del VIVIENTE y de la VIDA. Es la Fiesta de la celebración del triunfo de Jesús sobre el abandono, el dolor y la muerte.

La Resurrección de Cristo nos lleva a la certeza de que venceremos toda experiencia de muerte, de que estamos llamados para la vida, no para muerte. Debemos celebrar la Pascua, no sólo con esperanza, sino también con una gran certeza: Dios nos libera radicalmente del mal y nos compromete con la liberación. Estamos llamados a vivir como resucitados, sembrando vida a nuestro alrededor, sembrando esperanza en el corazón desesperanzado de tantos hermanos nuestros.

La mañana de la Pascua fue una mañana de sorpresas para los amigos de Jesús. Anoche, Marcos nos hablaba de un grupo de mujeres preocupadas por quién les ayudaría a mover la losa que cubría el cuerpo del Señor. Pero la losa estaba ya corrida. Y un joven les anunciaba que había resucitado.

Hoy es María Magdalena quien en un primer momento piensa que alguien se lo ha llevado del sepulcro. ¿No les quedará a los suyos ni el consuelo de contemplar el rosto del amigo y de cuidar sus despojos?

Antes de encontrarse con Él, lleno de vida, los evangelios nos hablan de la desorientación de los discípulos, su búsqueda en torno al sepulcro, sus interrogantes e incertidumbres. Magdalena es el mejor prototipo de lo que acontece probablemente en todos. Según el relato de Juan, busca al crucificado en medio de tinieblas, «cuando aún estaba oscuro».

Como es natural, lo busca «en el sepulcro». Todavía no sabe que la muerte ha sido vencida. Por eso, el vacío del sepulcro la deja desconcertada. Sin Jesús, se siente perdida.

Y aquí, les invito a hacerse una pregunta: ¿Dónde buscamos al que Vive? ¿Dónde buscamos a Jesús Resucitado? Creo que muchos siguen buscando a Jesús entre los muertos. Muchos se quedan entre las palmas del domingo pasado y la Cruz del Viernes Santo. Me atrevo a decir que, a pesar de no haber tenido las tradicionales procesiones del Viernes Santo a causa de la pandemia, muchos siguen allí, en medio de la muerte.

Debemos abrirnos a la fe en la Resurrección de Jesús. Cada uno hace su propio camino. Todos estamos llamados a no olvidar a Jesús, a amarlo con pasión y buscarlo con todas nuestras fuerzas, pero no lo busquemos en el mundo de los muertos. Al que vive hay que buscarlo donde haya vida.

Busquemos a Jesús en una familia que vive el amor, que dialoga, perdona, comparte los momentos de cada día, que sufre pero que lucha por salir adelante juntos.

Busquemos a Jesús en una Iglesia que no está reducida al cumplimiento y observancia externa de leyes y normas, sino que está comprometida por ser portadora de vida hacia los más necesitados, que busca crear comunidad de creyentes movidos por el amor y el servicio.

Busquemos a Jesús en todos los que aman y ofrecen su vida por amor a los demás. Y en este tiempo de pandemia, busquemos a Jesús, de manera especial, en los médicos, enfermeras, personal de los hospitales y todos los que están comprometidos en brindar un servicio hacia los que sufren a causa del covid19. Allí está Jesús Resucitado, en la vida de cada uno de ellos que están sembrando vida y que están luchando para que otros tengan vida.

Busquemos a Jesús en todos los que se comprometen a hacer vida la justicia, la honradez, el servicio, la solidaridad. En todos los que buscan la unidad, que luchan para superar divisiones y enfrentamientos, recordando que el Señor nos dijo que “donde están reunidos dos o tres en su nombre, allí está Él”.

Y como María Magdalena, luego de encontrarlo Vivo y Resucitado, salgamos corriendo a anunciar que Él ha Resucitado. Corre a anunciar, corre a testimoniar, corre con la alegría de Cristo vivo en su corazón. ¿Corremos nosotros o somos cristianos estáticos, fríos, indiferentes, que no sienten a Cristo Vivo en sus corazones?

Y corren Pedro y Juan… corren ciertamente con incertidumbre, con miedo quizás, no sabían lo que iban a encontrar. Posiblemente, “en el corazón de Pedro había duda junto con muchos sentimientos negativos: la tristeza por la muerte del Maestro amado y la desilusión de haberlo negado tres veces durante la Pasión” (Francisco).

Este correr de Pedro hacia el sepulcro marca el cambio en su vida. No se queda sentado a pensar, no se queda encerrado como los demás, llorando la muerte de Jesús…no se queda atrapado en las dudas ni se deja hundir por remordimiento y habladurías que no llevan a nada… sale corriendo ante la noticia. Pedro va a la búsqueda de Jesús, no se busca a sí mismo… busca al Señor y el Papa nos asegura que “este fue el comienzo de la “resurrección” de Pedro, de la resurrección de su corazón…Sin ceder a la tristeza o a la oscuridad se abrió a la voz de la esperanza…dejó que la luz de Dios entrara en su corazón sin apagarla”.

Corramos hoy a proclamar que CRISTO HA RESUCITADO… NO LO BUSQUEMOS ENTRE LOS MUERTOS, busquémoslo en todos aquellos que están comprometidos con la vida.

Francisco insiste que “tampoco nosotros encontraremos la vida si permanecemos tristes y sin esperanza, encerrados en nosotros mismos…” Abramos nuestros “sepulcros sellados”, para que Jesús entre y los llene de vida…dejemos  a un lado “las piedras del rencor, las losas del pasado, las rocas pesadas de las debilidades y de las caídas”.

Cristo Resucitado quiere sacarnos de nuestros sepulcros, nos levanta, nos toma de la mano, nos saca de nuestras angustias… la primera piedra que debemos remover en nuestras vidas es la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos. Una piedra tan pesada hoy a causa del covid19, pero hoy que proclamamos la Resurrección, también proclamamos que la esperanza no ha muerto, está viva y que no debe morir nunca.

Que “el Señor nos libre de la terrible trampa de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado y nuestros problemas fueran el centro de la vida” (Francisco)

Iluminemos nuestras vidas a la luz de Cristo Resucitado… Iluminemos nuestras vidas, toda nuestra realidad…Que Cristo Resucitado sea la luz que ilumina nuestras vidas cristianas y da sentido a las mismas.

Que Cristo Resucitado sea NUESTRA MAYOR ALEGRÍA… ÉL ESTÁ VIVO…NO ESTÁ MUERTOCREEMOS EN UN DIOS QUE VIVE.

Cada uno de nosotros “estamos llamados a anunciar al Resucitado con la vida y mediante el amor”. ASÍ SEA.