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¿Cómo sigo a Jesús?

HOMILÍA EN LA PRIMERA MISA DEL P. PATRICIO FUENTES

Conocoto, 25 de julio de 2021

Por Mons. Alfredo José Espinoza Mateus, sdb

Hoy es un día especial en tu vida, mi querido Patricio. Eres ya sacerdote por imposición de mis manos y hoy celebras tu PRIMERA MISA.

Hay una canción que se titula “Nadie te ama como yo”. Cristo te dirige esas palabras y hoy te dice: “¡Cuánto he esperado este momento!”. Sí, Él ha esperado este momento en el que tú pudieras consagrar, partir y repartir el Pan Eucarístico. Tú deberás, a partir de hoy, “multiplicar” el pan para todos los que se acercan a ti. Tú has esperado este momento, por eso, quiero que hagas tuya la letra de la canción: “Yo sé bien lo que has vivido. Yo sé bien por qué has llorado. Yo sé bien lo que has sufrido. Pues de tu lado no me he ido, pues nadie te ama como yo”

 

El Señor sabe tu sufrimiento, ha escuchado tu oración, ha enjugado tus lágrimas. Yo también sé que has sufrido para llegar a este día. Te conozco y ahora te invito a mirar hacia adelante, a mirar tu ministerio sacerdotal, a ser un “buen pastor” a ejemplo de Cristo, Buen Pastor.

En tu Primera Misa, el Evangelio dominical es el de la “Multiplicación de los panes y de los peces”. Que hermosa coincidencia o “dioscidencia” como dicen algunos. Tú serás “multiplicador” y darás de comer a muchos, darás el alimento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, darás el alimento de la Palabra, darás el alimento del perdón, del consuelo y serás ese multiplicador de la misericordia de Dios haciendo posible que muchos, que multitudes, sientan la caricia de un Dios cercano.

La multitud seguía a Jesús, y nos dice el Evangelio: “Al levantar los ojos, Jesús vio que una multitud acudía a él…”. Es lo primero que quiero resaltar querido Patricio, la “mirada de Jesús”. Jesús mira a la multitud, es una mirada de misericordia, es una mirada que lo conmueve, esa mirada lo lleva a preguntarse: “¿Dónde compraremos pan para darles de comer”?

Francisco nos dice que Jesús “mira siempre con los ojos del corazón”. Y te pido a ti, en tu sacerdocio estrenado de hoy, en tu sacerdocio a lo largo del paso de los años, que siempre mires con el corazón. Nunca cambies esa mirada, aprende a ver la realidad, aprende a ver la persona concreta, aprende a ver la situación de la persona y déjate conmover de lo que ves. No tengas un corazón duro, ten siempre un corazón de pastor, de padre. No mires desde lejos, mira desde la cercanía, pues el pastor debe ser cercano. No mires desde arriba, mira estando en medio de tu pueblo. No mires y cambies la mirada, no, mira y conmuévete porque es el Señor que te espera, es el Señor que te pide actuar, es el Señor que te hace cuestionar y preguntarte sobre lo que debes hacer, y el cómo “saciar” el hambre del hombre de hoy.

En segundo lugar, podemos preguntarnos y puedes preguntarte: ¿quiénes son aquellos a los que hay que dar de comer? Francisco nos dice: “Es la muchedumbre, la multitud. Jesús está en medio de la gente, la recibe, le habla, la sana, le muestra la misericordia de Dios…La gente lo sigue, lo escucha, porque Jesús habla y actúa de una manera nueva, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con la verdad, de quien dona la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor…”

Ahí está marcada tu misión sacerdotal. Estar en medio de la gente, como lo estaba Jesús. Recibir a la gente, como la recibía el Señor, sanar a la gente, y hoy, Patricio, la gente sufre, está herida, está desesperanzada, y llegará a ti buscando una palabra, buscando misericordia, y debes ser eso, portador de misericordia para todos aquellos que lleguen a ti.

Hoy en esta noche, “todos nosotros somos la multitud del Evangelio, también nosotros intentamos seguir a Jesús para escuchar, para entrar en comunión con él en la Eucaristía, para acompañarlo y para que nos acompañe” (Francisco). Preguntémonos todos y pregúntate de manera especial tú, querido Patricio, ¿cómo sigo a Jesús? Recordemos, como nos dice Francisco, que “Jesús habla en el silencio en el Misterio de la Eucaristía y cada vez nos recuerda que seguirlo quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don a Él y a los demás”

Así será tu vida a partir de hoy, Patricio. Eres sacerdote, y tu vida ya no te pertenece, ya no será posesión tuya. Tu vida será desde hoy y para siempre, un don al Señor y un don a los demás. Te tocará partir, repartir y compartir el Pan Eucarístico, pero de manera especial, te tocará saber “partir tu vida”, “repartir tu vida a los demás” y “compartir la vida de los demás” haciendo tuyos los sufrimientos, angustias, dolores, esperanzas e ilusiones de todos.

Y aquí toco el tercer consejo que quiero darte hoy en tu Primera Misa. Volvamos al Evangelio: ¿de dónde nace la multiplicación de los panes y de los peces? Los discípulos al ver a la multitud no saben qué hacer, piensan en el cómo comprar el pan para tanta gente. Ellos sin duda pensaría que era mejor que se vayan, era imposible darles de comer. Esta es la actitud humana, la actitud de Jesús es otra, y nace desde el compartir “Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?”.

 

Se comparte lo poco: cinco panes y dos peces. Francisco nos dice: “Pero son justamente esos panes y esos peces que en las manos del Señor sacian el hambre de toda la gente… Esto nos indica que en la Iglesia, pero también en la sociedad existe una palabra clave a la que tenemos que tener miedo: “solidaridad”, o sea, saber poner a disposición de Dios aquello que tenemos, nuestras humildes capacidades, porque solo en el compartir, en el donarse, nuestra vida será fecunda, dará frutos”.

Patricio, tú has dado lo que tienes, tu propia vida. La has dado entera a esta misión a la que te llamó el Señor. No regatees nunca tu vida, tu tiempo, a partir de ahora, ya no es tu tiempo, es el tiempo de los demás. La gente te cansará, te lo aseguro, pero debes seguir dándote con alegría cuando te busquen. Comparte todo lo que eres, dónate totalmente al servicio de los más pobres de manera especial, y solo allí tu vida será fecunda, tu sacerdocio será fecundo, y tu vida sacerdotal dará frutos abundantes. Ése será tu milagro, te das por entero y el Señor actuará a través tuyo.

Recuerda Patricio, como nos dice Francisco, que “no somos sacerdotes para nosotros mismos, y nuestra santificación está estrechamente ligada a la de nuestro pueblo, nuestra unción a su unción…Nos hacemos sacerdotes para estar entre la gente”. Y, mi último consejo: Llama siempre a la casa de la Madre y pídele: Muéstranos a Jesús. De ella, de María, aprende el verdadero discipulado. Camina tu vida sacerdotal de la mano de María, sigue siempre la estela de María, la mujer que salió de prisa a servir a los demás. ASÍ SEA.