Skip to main content

¿Cómo vivimos nuestra fe?

FIESTA DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA

Quito, 14 de agosto de 2022

Por Mons. Alfredo José Espinoza Mateus, sdb

Nuevamente vengo a esta querida Parroquia de la “Asunción” del Batán para celebrar junto con ustedes su Fiesta Patronal. Celebrar es calentar el corazón, avivar la fe y comprometerse con la vida y con el hermano.

Y no puede ser más propicia las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy, palabras que no nos dejan indiferentes, palabras que nos cuestionan y que, indudablemente, resultan difíciles de entender.

En un estilo claramente profético, Jesús resume su vida entera con unas palabras insólitas: “Yo he venido a prender fuego en el mundo, y ¡ojalá estuviera ya ardiendo!”. ¿De qué nos habla Jesús? ¿De qué fuego nos habla? ¿Qué debemos quemar en nuestra vida, en nuestro mundo, en nuestra sociedad? ¿A qué nos compromete el “prender fuego”?

“El fuego que arde en el interior de Jesús es la pasión por Dios y la compasión por los que sufren…Nadie podrá seguirlo con el corazón apagado o con piedad aburrida” (José Antonio Pagola). Y aquí me viene espontánea la pregunta: ¿Arde en nuestro interior esa pasión por Dios y por los hermanos que sufren? Espero sinceramente que sí, de lo contrario, si no arde esa pasión, vivimos una fe cómoda, instalada, que no compromete, que está aislada de la realidad del mundo, del Reino de Dios y su justicia.

El Papa Francisco es muy claro cuando nos explica este fuego que debe arder, este “prender fuego en el mundo”. Él nos dice: “¿Qué significa esto? Significa que la fe no es una cosa decorativa, ornamental; vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión, como si fuese un pastel que se lo decora con nata. No, la fe no es esto. La fe comporta elegir a Dios como criterio base de la vida, y Dios no es vacío, Dios no es neutro, Dios es siempre positivo, Dios es amor y el amor es positivo”.

¿Cómo vivimos nuestra fe? ¿Hemos elegido a Dios como criterio de nuestra vida cristiana de cada día? No debemos perder de vista que, como dice Francisco, “Después de que Jesús vino al mundo no se puede actuar como si no conociéramos a Dios, como si fuese una cosa abstracta, vacía, de referencia puramente nominal; no, Dios tiene un rostro concreto, tiene un nombre: Dios es misericordia, Dios es fidelidad, es vida que se dona a todos nosotros”.

Teniendo presente esto, entendemos las palabras de Jesús que dice que ha venido a traer división. No es que Jesús quiera dividir a los hombres entre sí, al contrario, Él es nuestra paz, nuestra reconciliación. Pero esta paz no es una paz neutra, una paz de los sepulcros. Jesús no trae la neutralidad, ni esta paz es una componenda para que todo quede como está. “Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando esto requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí, divide; lo sabemos, divide incluso las relaciones más cercanas”. La experiencia que tengo es que la división comienza en casa, en la propia familia.

Alguien pudiera preguntarse si es Jesús quien divide, no, Él no divide. Jesús pone el criterio: vivir para sí mismos, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios. Aquí está en qué sentido Jesús es signo de contradicción.

Entre los parientes de Jesús también hubo algunos que a un cierto punto no compartieron su modo de vivir y de predicar, nos lo dice el Evangelio. Pero ahí está María, su Madre. Ella lo sigue fielmente, mantiene fija la mirada de su corazón en Jesús y en su misterio. Ella logra que los otros cambien su corazón, ardan en la pasión de Jesús y formen parte de la Iglesia que nace.

¿Mantenemos nuestra mirada fija en Jesús a ejemplo de María? ¿Seguimos siempre a Jesús, aun cuando cuesta, como lo hizo María? Son dos preguntas importantes que deberíamos contestarlas en nuestro corazón y ustedes deberían hacerlo de manera especial hoy que celebran la Fiesta de la Asunción de María.

Francisco nos dice que esta Fiesta de la Solemnidad de la Asunción de María, “es una llamada para todos, especialmente para cuantos están afligidos por dudas y tristezas, y viven con la mirada dirigida hacia abajo”. Yo pudiera añadir, para aquellos que han dejado que se apague el fuego de la pasión del Señor en sus vidas y en sus corazones, para aquellos que viven una vida cristiana encerrada, egoísta, solitaria, sin ver a los demás, sin actitudes de misericordia y de amor para con todos. Sí queridos hermanos, “Miremos hacia arriba, el cielo está abierto; no despierta temor, ya no está distante, porque en el umbral del cielo hay una madre que nos espera”.

María nos espera, hoy, esta Fiesta nos compromete más, sobre todo, compromete a los afligidos que viven con la mirada dirigida hacia abajo, “persiguiendo cosas de poca importancia: prejuicios, rencores, rivalidades, envidias, bienes materiales superfluos” (Francisco). Ante tantas mezquindades en la vida, que existen, que podemos tener nosotros mismos, recordemos que María nos invita a levantar la mirada a las “grandes cosas” que el Señor ha realizado en ella.

Yo les invito hoy a dejar llevar por la mano de la Virgen. Siempre digo a los jóvenes, y se lo digo hoy a ustedes, algunos no tan jóvenes, que no caminen solos, que caminen tomados de una mano de la mano del Señor y de la otra mano, tomados de la mano de María. Demos pasos valientes, pasos decididos, demos pasos para “prender ese fuego en la tierra”, pero primero, “prendamos ese fuego en nuestro corazón de cristianos.

Termino con una frase del Papa Francisco que me gustó mucho, dice así: “Dejémonos atraer por la verdadera belleza, no nos dejemos absorber por las pequeñas cosas de la vida, sino escojamos la grandeza del cielo. Que la Santa Virgen, Puerta al cielo, nos ayude a mirar cada día con confianza y alegría allá, donde está nuestra verdadera casa”.

La Virgen María, es la Reina del cielo, y es nuestra madre. Nos ama, nos sonríe y nos socorre con cuidado. Como toda buena madre, quiere lo mejor para sus hijos, lo quiere para ti y para mí. Alegrémonos en su Fiesta, porque Dios es alegría, no es aburrimiento. ASÍ SEA.