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"Los mandamientos son palabras de Dios a nosotros"

HOMILÍA DEL III DOMINGO DE CUARESMA

Pomasqui, 07 de marzo de 2021

Seguimos nuestro camino de Cuaresma, y hoy llego a esta querida Parroquia de Santa Rosa y Santa Clara de Pomasqui. Estamos ya en el tercer domingo y el Señor nos invita a revisar nuestra vida, el cómo respondemos a su Palabra y cuáles son los ídolos que nos esclavizan.

La primera lectura nolos mandamientos son palabras de Dios a nosotros,s presenta el Decálogo, que conocemos nosotros por los “Diez Mandamiento”. Pero es importante señalar que en la Biblia, “los mandamientos no viven por sí mismos, sino que son parte de una relación, una conexión” (Francisco).

No podemos olvidar la Alianza entre Dios y su Pueblo: “Yo seré tu Dios y tú serás mi Pueblo”. Y es interesante, lo que se nos dice al inicio del capítulo 20 del libro del Éxodo: “En aquellos días el Señor, pronunció las siguientes palabras”.

No es apertura cualquiera, tiene un profundo significado. No dice el texto: “Dios pronunció estos mandamientos”, sino “estas palabras”. La tradición hebrea llamará siempre al Decálogo “las diez Palabras”. Y el término “decálogo” quiere decir precisamente esto:

Y también tienen forma de ley, son objetivamente mandamientos. Y nos podemos preguntar: “¿Por qué, por tanto, el Autor sagrado usa, precisamente aquí, el término “diez palabras”? ¿Por qué? ¿Y no dice “diez mandamientos”?” (Francisco).

¿Cuál es la diferencia entre un mandamiento y una palabra? Francisco nos dice: “El mandamiento es una comunicación que no requiere el diálogo. La palabra, sin embargo, es el medio esencial de la relación como diálogo. Dios Padre crea por medio de su palabra, y su Hijo es la Palabra hecha carne. El amor se nutre de palabras, y lo mismo la educación o la colaboración. Dos personas que no se aman, no se consiguen comunicar. Cuando uno habla a nuestro corazón, nuestra soledad termina. Recibe una palabra, se da la comunicación y los mandamientos son palabras de Dios: Dios se comunica en estas diez Palabras, y espera nuestra respuesta”.

No veamos a los mandamientos como “órdenes frías de Dios”. Recordemos que los mandamientos son palabras de Dios a nosotros, Dios nos comunica esta diez Palabras, inicia un diálogo con nosotros y ante este diálogo, ¿Cuál es nuestra respuesta? Nuestra respuesta debe ser siempre una respuesta de amor, porque Dios nos habla desde su gran amor por nosotros.

Les invito a cambiar el “no” de los mandamientos por un “sí” dado desde el amor. Respondamos a Dios con el “sí” de nuestras vidas: Si amo, no mataré, no calumniaré, no difamaré al otro. Si amo, respetaré a mis padres. Si amo, no tomaré lo que no es mío. Si amo, no daré falso testimonio contra mi prójimo. Si amo, no tendré otros dioses ni me haré ídolos. Si amo, respetaré el nombre del Señor.

La vida cristiana es cuestión de AMAR. Hoy nuestro mundo no necesita cristianos “legalistas”, lo que necesita y pide a gritos, son cristianos con corazón auténticos, cristianos con corazón de hijos que aman a Dios como Padre y viven sus Palabras, y las viven en medio de todos, para transformar y ser semillas de luz, esperanza y amor.

Y hoy el Evangelio nos presenta a Jesús en el templo expulsando a los vendedores. Francisco nos dice que, “en el gesto que Jesús allí practicó estaba presente un gran acto de amor. Él fue impulsado a practicarlo por amor, “por el celo” que siente por la casa del Señor, que había sido convertida en un mercado”.

Jesús, cuando entra al Templo, vio que había sido transformado en un lugar donde se negociaban y se vendían bueyes, ovejas y palomas. El lugar, podemos decir, había sido transformado en lugar poblado por idolatras. Aquellos que estaban allí, servían al dinero y no servían a Dios. Eran hombres que vivían para el dinero, para el oro y, por atrás del dinero está el ídolo, los ídolos que también hoy están presentes.

Francisco dice que “eso nos llama la atención y nos hace pensar en cómo nosotros tratamos nuestros templos, nuestras iglesias; si realmente son casa de Dios, casa de oración, de encuentro con el Señor”. ¿Favorecemos hoy el encuentro con el Señor en nuestros templos? ¿Podemos correr el riesgo de también convertirlos en mercados?

Hay una tentación de mundanidad, afirma el Papa. Nos invita a pensar en “alguna celebración de algún Sacramento tal vez, o conmemorativas, donde usted va y ve: no sabe si es un lugar de culto, la casa de Dios o un salón social”. Algunas celebraciones resbalan para la mundanidad.

Y esto es una lucha constante. Hoy quieren “mandar” los organizadores de bodas en la celebración del Sacramento del Matrimonio, ellos ven todo como un espectáculo y nada más, pierden el sentido real y verdadero del sacramento. También puede pasar esto en celebraciones de quince años.

La vida se celebra, de eso estoy convencido, pero celebrarla en la iglesia es poner a Dios en el centro de la vida y no un Dios espectáculo. No hay que confundir.

Hoy hay también videos que ridiculizan a los sacramentos, y lamentablemente filmados en nuestras iglesias. He tomado disposiciones muy claras al respecto, lo saben los sacerdotes de Quito y en los próximos días daré un decreto para fijar esto. No podemos ridiculizar lo que es sagrado para nosotros ni podemos dejar que nuestros templos se conviertan en mercado.

El “celo” de Jesús por la casa de su Padre, lo llevará hasta la cruz, el suyo es el celo del amor que paga en carne propia, no el que querría servir a Dios mediante la violencia. De hecho, el “signo” que Jesús dará como prueba de su autoridad será precisamente su muerte y su resurrección.

Con la Pascua de Jesús se inicia un nuevo culto, el culto del amor, y un nuevo templo que es él mismo, Cristo resucitado, por el cual cada creyente puede adorar a Dios Padre “en espíritu y verdad”. Que cada uno de nosotros, desde el amor, seamos piedra vida de este edificio espiritual. ASÍ SEA.