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¿Qué te dice hoy Dios a ti?

HOMILÍA DEL IV DOMINGO DE CUARESMA

Por Mons. Alfredo José Espinoza Mateus, sdb

Quito, 19 de marzo de 2022

Esta Fiesta de San José tiene su “tinte especial”, la celebramos en domingo, y litúrgicamente el domingo prevalece, pero se ha querido hacerla hoy como comunidad parroquial recordando a tan grande Santo.

Además, es un domingo especial, es el cuarto domingo de Cuaresma, el “Domingo de la Alegría”, porque está cerca el misterio de la Semana Santa y la Iglesia nos invita hoy a compartir nuestra alegría por el amor que Jesucristo nos ha manifestado en la Cruz y por su Resurrección.

El tema de la luz ocupa el centro de la liturgia de este día. El Evangelio de hoy es “La curación del ciego de nacimiento”, pero, es mucho más que una simple curación. Juan nos describe el recorrido interior que hace un hombre, perdido en las tinieblas, hasta encontrarse con Jesús, “Luz del mundo”.

Es el recorrido de muchos de nosotros, recorrido que ya hemos hecho, o que debemos hacer. Debemos pasar de las tinieblas de nuestras vidas, de nuestras cegueras, hasta llegar a encontrarnos con la Luz de Cristo que nos permite ver y al mismo tiempo nos lleva a iluminar la vida de los demás.

No sabemos el nombre de este hombre, solo sabemos que era mendigo, ciego de nacimiento y que pide limosna en las afueras del templo. No conoce la luz, es ciego de nacimiento. Su vida transcurre en las tinieblas.

Para este hombre, su ceguera no fue nunca un obstáculo, tampoco fue una fuente de resignación, mucho menos un impedimento para creer.

Un día, Jesús pasa por su vida, y su vida cambia totalmente. Me parece interesante la forma sencilla como describe Juan este paso de Jesús por la vida de este hombre: “… al pasar Jesús vio a un hombre…” Jesús tiene la capacidad de VER a este hombre. Me pregunto: ¿Cuántas veces nosotros pasamos de largo por la vida de los demás? ¿Sabemos “ver” el dolor y la tragedia del otro? O, ¿Vivimos en la cultura de la indiferencia?

Jesús ve al hombre, a diferencia de los discípulos que ven a un pecador: “Maestro,

¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?” Y Jesús les responde que ni él ni sus padres, “sino para que se manifiesten en él las obras de Dios”. Y este hombre ciego, confía en Aquel al que no veía. Va y se lava en la piscina de Siloé y al regresar ya ve. ¿Podemos imaginarnos la alegría de él cuando comenzó a ver? Quizás no, porque toda la vida hemos visto, unos más que otros, yo tengo un serio problema en el ojo izquierdo desde muy pequeño, pero veo.

El texto también nos presenta cómo ven los otros al hombre luego de la curación. Los vecinos lo ven transformado. Los fariseos, entendidos en religión, le piden explicaciones y no creen. Sus padres no lo defienden. Los dirigentes religiosos lo echan de la sinagoga. Pero, Jesús no abandona a quien lo ama y lo busca. Cuando se entera de que lo han expulsado de la sinagoga, va a buscarlo. Jesús tiene sus caminos para encontrarse con quienes lo buscan. Nadie se lo puede impedir. ¿Lo buscas tú? ¿Te has dejado encontrar por Él? Francisco dice: “No es solamente que tú buscas al Señor, es que Él sale a buscarte”

Se encuentra con el hombre a quien nadie parece entender y sólo le hace una pregunta: “¿Crees en el Hijo del Hombre?” Y él responde: “¿Y quién es, Señor para que crea en él?”. Y Jesús le dice: “Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es”. Al ciego se le abren ahora los ojos del alma. Se postra y dice: “CREO, SEÑOR”.

El Papa Francisco nos dice: “Su camino de iluminación, del ciego, es una metáfora del camino de liberación del pecado al que estamos llamados. El pecado es como un oscuro velo que cubre nuestro rostro y nos impide ver con claridad tanto a nosotros como al mundo; el perdón del Señor quita esta capa de sombra y tiniebla y nos da una nueva luz. Que la Cuaresma que estamos viviendo sea un tiempo oportuno y valioso para acercarnos al Señor, pidiendo su misericordia…”

¿Qué cegueras tienes tú, tengo yo? Digamos hoy al Señor: “Señor, que pueda ver… CÚRAME” y que aprendamos a ver con ojos de amor, de perdón, de solidaridad, de cercanía, de ternura, de misericordia, de bondad, de justicia, de verdad.

Y en este día en que celebramos al patrono de esta Parroquia, les invito a preguntarse:

¿Qué pueden aprender de San José?

José aparece como un hombre fuerte, valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino todo lo contrario: “Denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura” (Francisco).

José es el hombre del silencio, no habla en los evangelios. Pero es el hombre de los sueños, es el “soñador de Dios”. Es el hombre que sueña y escucha la voz de Dios.

 El Papa nos dice: “Al igual que San José, una vez que hemos oído la voz de Dios, debemos despertar, levantarnos y actuar”. Y es lo que les pido, que sean una comunidad parroquial que escuche la voz de Dios pero que se levanten y actúen. No se queden sentados, no se queden dormidos, no se queden encerrados.

Pregúntense qué les pide Dios hoy a ustedes. ¿No les pedirá compromiso, servicio, solidaridad, entrega, anuncio? Creo que les pide anunciar y testimoniar el amor de Dios a los demás. Salgan, sean una parroquia en salida, no se contenten con los que vienen, hay miles que están afuera, que no vienen, que no ven, que están ciegos y necesitan que alguien ilumine sus caminos y les ayuden a abrir sus ojos a la luz, abrir sus ojos a Cristo.

¿Cómo van a salir? Yo diría que, como José, confiando en Dios. Él escucha la voz de Dios, escucha lo que Dios le confía al corazón. Y las cosas que Dios confía al corazón de José son cosas débiles, nos dice Francisco, “son solo promesas, y una promesa es algo débil… Y luego el nacimiento del Niño, la huida a Egipto… son también situaciones de debilidad”. ¿Qué hace José? Él toma en su corazón y saca adelante todas esas debilidades como se llevan adelante las debilidades: con tanta ternura, con la ternura con que se coge a un niño en brazos”. San José obedece porque confía, es él quien es capaz de llevar adelante las promesas para que se conviertan en firmes, en seguras.

Por eso, les invito a confiar y a escuchar a Dios. ¿Qué te dice hoy Dios a ti? ¿Qué te pide? ¿Estás dispuesto a abrir tu corazón para escucharlo, para actuar confiando en su Palabra?

Que María y José sean siempre nuestros modelos de escucha, confianza y obediencia a la voluntad de Dios en nuestras vidas. Y que nuestro corazón esté alegre porque se acerca la Redención. ASÍ SEA.