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Vive la “novedad” del mandamiento del amor.

HOMILÍA EN LA ORDENACIÓN DIACONAL DE LENIN ZURITA

Quito, 28 de agosto de 2021

 Por Mons. Alfredo José Espinoza Mateus, sdb

De las cosas más hermosas de la llamada de Dios, es saber que el Señor pronuncia nuestro nombre, como nos dice Isaías: “Él pronunció mi nombre”. Y debes tener conciencia de ello querido Lenin, hoy de manera especial que inicias un camino, que no es el final, sino el comienzo.

Francisco nos dice que el nombre escogido en el Bautismo, será la identidad propia y el nombre por el que Dios nos llamará, porque su amor es personal. “Dios sigue llamándonos por nuestro nombre, para que cada día nos parezcamos más a su Hijo Jesús”.

Y esa llamada de Dios, querido Lenin, ¿Qué despierta en ti? ¿Alegría, temor, duda, incertidumbre? ¿Qué es lo que más te preocupa en el fondo? Es que a veces hay un miedo de “fondo”“que es el de no ser amados, queridos, de no ser aceptados por lo que son” (Francisco). Y tú has vivido esos miedos y has trabajo duro en estos meses para superarlos. Has discernido. Has puesto los medios para despejar esos miedos e identificarlos con claridad. Este camino se vuelve imprescindible cuando se trata de encontrar la propia vocación, y, estoy convencido de que la has encontrado, y lo has logrado hacer, en “el silencio de la oración para escuchar la voz de Dios que resuena en la conciencia” (Francisco).

“El primer motivo para no tener miedo, querido Lenin, es precisamente el hecho de que Dios nos llama por nuestro nombre. Cuando Dios llama por el nombre a una persona, le revela al mismo tiempo su vocación, su proyecto de santidad y de bien, por el que esta persona llegará a ser alguien único y un don para los demás”. Estas palabras de Francisco hazlas vida en tu vida, que sientas a ese Dios que pronuncia tu nombre con amor y lo hace para fortalecerte y para enviarte.

Es un Dios que te ha llamado aún cuando estabas en el seno materno. Podemos cansarnos buscando mil planes en nuestras vidas, pero el profeta te repite: “En vano me he cansado, inútilmente he gastado mis fuerzas; en realidad mi causa estaba en las manos del Señor, mi recompensa la tenía mi Dios”.

Sí Lenin, que el Señor sea tu fuerza. Sabes bien que Él te conoce profundamente, desde lejos sabe tus pensamientos, como nos dice el salmista. Él te tejió en el seno materno, Él formó tus entrañas. Y que te toca a ti, simplemente “dar gracias”. Agradece ese amor de Dios que te formó, ese amor de Dios que te llamó, ese amor de Dios que te ha cuidado, ese amor de Dios que te pide ser “luz de las naciones”, ser luz en donde te envíe. Allí deberás iluminar en amor y con amor la vida de todos.

Y serás luz, poniendo, como nos dice San Pablo, “al servicio de los demás los dones que han recibido”. Tienes dones, tienes cualidades, no las encierres en ti, hazlas fructificar dándolas a manos llenas a los demás.

Estás llamado a predicar, estás llamado a ejercer un ministerio sabiendo que lo recibes de Dios, y en este servicio, no busques “tu propia gloria”, busca que Jesucristo sea glorificado.

Serás luz cuando vivas el amor, el mandamiento del amor que nos pide Jesús. “Sin el amor, tanto la vida como la fe permanecen estériles” (Francisco). Jesús vivió su vida predicando y obrando lo que verdaderamente cuenta y es esencial, es decir, el amor.

Recuerda Lenin, que hemos sido creados para amar y ser amados. “Dios, que es Amor, nos ha creado para que nos volvamos partícipes de su vida, para ser amados por Él y para amarlo, y para amar con Él a todas las demás personas. Éste es el “sueño” de Dios para el hombre” (Francisco). Sueña, no dejes de soñar con el amor en tu vida, sueña con entregar siempre tu vida en amor, en construir el Reino del amor, en servir al más pobre y necesitado con amor, en ver el rostro del Señor en todo aquel que sirves. Ama y no dejes de amar nunca.

Vive la “novedad” del mandamiento del amor. ¿Cuál es la novedad?, Francisco nos lo dice con claridad: “Como yo los amé”. “Esta es la novedad del mandamiento del amor. Y Él da precisión a su afirmación: “Como yo los amé”: un amor universal, incondicional y sin límites, que encuentra su ápice en la Cruz”.

Querido Lenin, “El amor que se manifestó en la Cruz de Cristo y que Él nos llama a vivir, es la única fuerza que transforma nuestro corazón de piedra en un corazón de carne; que nos hace capaces de amar a nuestros enemigos y perdonar a aquellos que nos ofendieron. El amor de Jesús en nosotros crea puentes, enseña nuevos caminos, desencadena el dinamismo de la fraternidad” (Francisco).

Ama con ese amor nuevo de Jesús. Ama sabiendo que debes amar, “como Él nos amó”. Que tu amor sea siempre nuevo, un amor que construye puentes, un amor que se acerca, un amor que sirve, un amor que escucha, un amor que entrega su vida toda entera para que otros tengan vida.

Vive amando, vive tu vocación con GOZO y ALEGRÍA. A veces veo a hermanos cansados, aburridos, rutinarios en su vida sacerdotal. Han perdido la ALEGRÍA DE SU VOCACIÓN. No seas tú nunca uno de ellos… vive alegre, con gozo, a pesar de los problemas, a pesar de las situaciones difíciles. Vive ALEGRE SIRVIENDO CON AMOR A TU PUEBLO.

No será fácil, querido Lenin, tu Ministerio, tu vida misma en este servicio. Te tocará ir contracorriente, contra la corriente del mundo. Te tocará luchar contra incoherencias y anti testimonios, contra mentiras y envidias. Y en esa lucha recuerda que, tendrás que “esparcir por todas partes la semilla del amor que renueva las relaciones entre las personas y abre horizontes de esperanza” (Francisco)

Lucha, sé valiente, para que hagas realidad los sueños de Dios en tu vida. Trabaja tu vocación, no te canses de ello. No terminas algo hoy, recién lo empiezas y este camino te exigirá ESFUERZO y SACRIFICIO.

Sueña con AMAR, AMAR DE VERDAD, en un mundo que ha confundido el sentido del amor, en un mundo lleno de infidelidades, que no faltan entre nosotros desgraciadamente.

Que tu PRIMER AMOR sea JESUCRISTO y a Él tendrás que ser siempre FIEL. Que, amando a Él, ames a tu pueblo y te entregues a ese pueblo con todo tu corazón y con todo tu ser- Querido Lenin, CONFÍA EN LA PROVIDENCIA, cuando te entregues todo a los demás sin buscar tu beneficio, te darás cuenta de que el Señor nunca te fallará.

Que la Virgen María, con su materna intercesión, te ayude Lenin a acoger en tu vida el “gran mandamiento del amor a Dios y al prójimo” y el Espíritu Santo te dé la fuerza para practicarlo en la vida cotidiana. ASÍ SEA.