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Arquidiócesis

El ropero de Cáritas, un abrigo de solidaridad

Quito, 4 de enero de 2022

José Colmenárez

El Ropero de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de la Andalucía se inició desde marzo del 2021; sin embargo, la solidaridad y el apoyo incondicional a los más pobres y vulnerables, es un trabajo que comenzó a principios del 2018 con la colaboración de la comunidad de las Hermanas Terciarias Capuchinas.

Las primeras palabras que salen de la boca de las voluntarias son “una labor hermosa” y “la gente se va contenta y feliz porque les abrimos el corazón”, al igual que palabras de “agradecimiento” a las muchas personas que colaboran con el Ropero de Cáritas.

La Hermana Liliana Cajamarca de la comunidad de las Hermanas Terciarias Capuchinas, cuenta que este nuevo proyecto nació con el apoyo del Párroco, el P. Luis Escanta y hasta la fecha son 10 voluntarios, los que día a día colaboran para seguir sacando adelante este proyecto que tiene como finalidad ayudar a quienes menos tienen con la venta de prendas de vestir a precios módicos.

Con el dinero recaudado - cuenta la hermana Liliana – sirve para comprar alimentos y armar canastas de comidas que ascienden a los 20 $ y las ofrecen a las personas necesitadas a precios entre 7 $ y 10 $. Añadió que, con todos estos ingresos recaudados la parroquia puede ejecutar otras obras de acción social como pagar hotel, entregar medicinas y alimentos a personas en situación de calle.

El ropero, aunque es pequeño, tiene un corazón muy grande, está ubicado en uno de los laterales de la parroquia y allí muchas personas hacen llegar sus fundas con ropa, calzado, además de menaje de hogar, mantas, sábanas y toallas.

Prendas seminuevas o usadas que, tras un proceso de selección para descartar las inservibles, van a parar a familias sin recursos de la parroquia y otros sectores aledaños.

Ordenadas por edades y según la estacionalidad, las prendas donadas se guardan en roperos y en cuyos estantes se apilan camisas, pantalones, chompas y ropa infantil, la más demandada por las familias, para su posterior distribución entre las personas más vulnerables y necesitadas.

Se trata de una labor callada, de personas valientes y decididas, de manos voluntarias, que respira solidaridad y esperanza por todos sus poros, que da sus frutos, pero que tiene un laborioso previo de puertas adentro. así lo explicó Elizabeth Mora, coordinadora de la Pastoral Social Cáritas (I).