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Arquidiócesis

La Iglesia de Quito celebra la ordenación sacerdotal de tres nuevos presbíteros

Quito, 6 de febrero de 2026

Este viernes 6 de febrero, la Catedral Metropolitana de Quito acogió la ordenación sacerdotal de Josué Castellanos, Bryan Merino y Edison Shagñay, en una solemne celebración eucarística presidida por el Arzobispo de Quito, Mons. Alfredo José Espinoza Mateus, sdb, acompañado de sus Obispos Axuliares, Mons. David de la Torre, ss.cc y Mons. Maximiliano Ordóñez, y un gran número de sacerdotes. 

La celebración se desarrolló siguiendo el rito propio del sacramento del Orden. Tras la proclamación del Evangelio, los candidatos fueron llamados por su nombre y presentados ante el Arzobispo, expresando públicamente su disponibilidad para el servicio de la Iglesia. Antes de continuar con el rito, se vivió uno de los momentos más emotivos de la eucaristía: los padres de Josué, Bryan y Edison les impartieron su bendición, gesto cargado de fe, entrega y profundo sentido eclesial.

A continuación, los ordenandos se postraron ante el altar, mientras la asamblea entonaba la Letanía de los Santos, invocando la intercesión de toda la Iglesia. Este signo de total abandono y humildad precedió al momento central del rito: la imposición de manos del Arzobispo y la oración consecratoria, mediante la cual fueron configurados con Cristo, Cabeza y Pastor.

Luego, Mons. Espinoza ató en las manos de los nuevos sacerdotes el manutergio, el lienzo blanco que simboliza las manos consagradas para el servicio del altar y del pueblo de Dios. En ese contexto, Mons. Espinoza dirigió unas palabras especiales a las madres de los ordenados, recordando que, cuando sean llamadas por el Señor, podrán responder con sencillez y orgullo: “Te di un hijo sacerdote”. Posteriormente, ya investidos del ministerio sacerdotal, Josué, Bryan y Edison bendijeron a sus padres, sellando un intercambio de amor, fe y gratitud que conmovió a todos los fieles.

Una llamada vivida desde la libertad y el primer amor

En su homilía, Mons. Alfredo José Espinoza afirmó que la ordenación sacerdotal no puede entenderse como una meta o una promoción personal, sino como un don total de la existencia. Retomando palabras del Papa León XIV, recordó que el sacerdocio no es refugio ni huida, sino una entrega libre y definitiva al Señor y a su Iglesia: “Lo decisivo no es ordenarse, sino ser verdaderamente sacerdotes”.

El Arzobispo exhortó a los nuevos presbíteros a vivir su ministerio desde una auténtica libertad interior, citando a san Agustín: “Se es verdaderamente libre cuando no se es esclavo”. Solo desde esa libertad —subrayó— el sacerdocio puede convertirse en un servicio sincero al pueblo de Dios, sin ataduras al poder, al prestigio o a la comodidad.

Mons. Espinoza recordó además que la ordenación es la celebración de un misterio de amor, en el que Dios sigue confiando su Evangelio a hombres frágiles. Citando a san Pablo, señaló que el tesoro del ministerio se lleva en “vasijas de barro”, para que quede claro que la fuerza proviene de Dios. En esa línea, invitó a los ordenados a no olvidar nunca el “sí” pronunciado este día, un “sí para hoy y para siempre”.

Finalmente, el Arzobispo puso el acento en el “primer amor” como fundamento de la fidelidad sacerdotal. Advirtió que el mayor riesgo no será el cansancio, sino perder la memoria agradecida de la llamada. “Sin oración, sin Eucaristía y sin silencio, el ministerio se vuelve ruido y activismo”, afirmó, animándolos a cuidar la intimidad con Cristo como fuente de toda fecundidad pastoral.

La celebración concluyó con un envío lleno de esperanza. Mons. Espinoza alentó a los nuevos sacerdotes a vivir una cercanía auténtica con el pueblo, a caminar en comunión y fraternidad sacerdotal, y a anunciar el Evangelio con alegría, siempre de la mano de María. Así, la Iglesia de Quito recibió con gratitud a tres nuevos pastores, llamados a servir con fidelidad, humildad y amor al pueblo de Dios.

José Colmenárez

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