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Arquidiócesis

Más de 300 sacerdotes participaron en la Misa Crismal en la Catedral de Quito

Quito, 2 de abril de 2026

Este Jueves Santo, Día del Sacerdote, se celebró la Misa Crismal en la Catedral Metropolitana de Quito, con la participación de más de 300 sacerdotes diocesanos y de comunidades religiosas.

La Eucaristía fue presidida por Mons. Alfredo José Espinoza Mateus, sdb, Arzobispo de Quito, acompañado por sus Obispos Auxiliares: Mons. Danilo Echeverría, Mons. Max Ordóñez y Mons. David de la Torre, sscc. También estuvieron presentes Mons. José Asimbaya, Obispo Castrense del Ecuador, y Mons. Víctor Corral, Obispo Emérito de Riobamba.

La Misa Crismal, que se celebra cada año en torno al Jueves Santo, reúne al presbiterio en torno a su obispo como signo de comunión. En esta celebración se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, y se consagra el Santo Crisma, que será utilizado durante todo el año en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación, el Orden Sacerdotal y la dedicación de templos y altares. Además, los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales, recordando el don recibido y su compromiso de servicio al Pueblo de Dios.

En su homilía, el Arzobispo destacó el profundo sentido de esta celebración, señalando que “no es una celebración más”, sino un momento en el que el presbiterio vuelve al origen de su vocación y se pregunta con sinceridad por su identidad y misión en el tiempo presente.

Asimismo, invitó a los sacerdotes a renovar su entrega proponiendo tres caminos concretos: ser sacerdotes apasionados, alegres y fraternos. Subrayó que la vida sacerdotal nace del encuentro con Cristo y que “antes del ministerio está la llamada, antes del hacer está el ser discípulos”. También recordó que la fidelidad sacerdotal es un camino constante de conversión, que exige volver cada día al primer amor.

Durante la celebración, Mons. Espinoza también lamentó el fallecimiento del Padre Maximiliano Estupiñán, recordando su testimonio de servicio sacerdotal, y elevó un llamado firme a que su muerte no quede en la impunidad, exhortando a que se haga justicia.

Al final de la Eucaristía, se realizó un reconocimiento especial a los sacerdotes que celebran sus bodas de plata y bodas de oro sacerdotales, por sus 25 y 50 años de ministerio. Como signo de gratitud por su fidelidad y entrega, recibieron una bendición papal y una imagen de Jesús, Buen Pastor. Este momento, sencillo pero significativo, puso de relieve el valor de una vida entregada al servicio de Dios y de la Iglesia, marcada por la perseverancia, el sacrificio y la cercanía al pueblo.

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