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Arquidiócesis

Te Deum por los 201º años de la Batalla de Pichincha

Quito, 24 de mayo de 2023

José Colmenárez

Con motivo de la celebración de los 201º años de la Batalla de Pichincha, el Obispo Auxiliar de Quito, Mons. David de la Torre, ss.cc, presidió la mañana de este martes 23 de mayo, la Misa Te Deum e invitó a los asistentes a orar juntos, a poner en el centro de las vidas al pueblo ecuatoriano y a construir un nuevo país.

A la ceremonia también asistió el Obispo Castrense del Ecuador, Mons. José Asimbaya, el Secretario de la Nunciatura Apostólica, Mons. Jacek Pinocy, el Presidente de la República, Guillermo Lasso, acompañado de su esposa María de Lourdes Alcívar; el Vicepresidente del país, Alfredo Borrero; miembros de su gabinete ministerial y otras autoridades civiles y militares.

Al inicio de la ceremonia, Lasso colocó una ofrenda en la tumba del Mariscal Antonio José de Sucre, recordando así, aquella gesta histórica que sellaría la independencia del Ecuador y finalmente abriría las puertas para la posterior independencia de otros territorios en América del Sur.

En la homilía Mons. David de la Torre, recordó que “somos una nación plural en la que nos necesitamos los unos a los otros, en la que nadie puede querer construir el futuro si en su construcción olvida a alguien, o lo que es peor, si excluye deliberadamente, en esa tarea, a alguien”.

De igual forma, invitó a quienes asistieron a la Misa a orar juntos, asegurando que “no hay nada más eficiente en esta sociedad del espectáculo y de lo inmediato, del consumo y del sentimiento, que un poco de silencio para entrar en lo secreto de nuestro corazón y reordenarlo de tal manera que venciendo nuestro egoísmo natural. Pongamos en su centro la vida concreta de nuestro pueblo”.

Recalcó que hay que orar para “depositar en Dios lo que nosotros no hemos podido hacer por nuestra falta de valentía, de visión o de coraje, sino justamente para que nunca bajemos los brazos, para que nunca cedamos a la desesperanza, para que nunca nos refugiemos en los arcanos del poder, sino que habitemos la calle, la vecindad, la escuela, la cancha, el bus, el grupo, la asociación y los lugares donde la vida clama”.

Ante la inseguridad que vive el país, Mons. David de la Torre, exclamó que la oración también debe ser una oportunidad para que “los tentáculos de todas las mafias, surgidas como hongos venenosos alrededor del narcotráfico, solapado por la política en su versión más perversa no defina lo que somos”.

“Es necesario el relato de lo imposible. Hay que ampliar el lenguaje para ampliar el mundo. Hay que hacer que nuestros gritos se transformen en poesía, ella es la mejor aliada para conjurar la fría retórica del "no hay nada que hacer", del "siga su camino, no pierda tiempo". Hay que cantar la utopía, hay que reinventar los sueños, hay que danzar, aunque nuestros ojos estén llenos de lágrimas y el corazón nos oprima el pecho. Ese es uno de nuestros principales aportes como cristianos a la construcción de un nuevo Ecuador”, agregó.

La Misa concluyó con el canto del Te Deum que proviene del latín y significa “A ti Dios”