Skip to main content

Opinión

La fe cristiana

P. Freddy Yépez

El impacto del cristianismo en la Antigua Roma fue impresionante, ejerciendo un papel decisivo en la transformación de la sociedad, influenciando el derecho romano e incluso la legislación de diferentes pueblos. Estas grandes transformaciones se pueden entender porque el cristianismo no es una religión para ser vivida sólo dentro de los templos, tiene un carácter totalmente social (comunitario) que se manifiesta en el modo de actuar cristiano en el mundo. La fe cristiana contiene no sólo aspectos religiosos o litúrgicos, lleva un profundo mensaje ético y moral del que no se puede prescindir. Por lo tanto, intentar separar un aspecto del otro es imposible. Ser cristiano no es una realidad que se pueda desligar de la vida diaria. Por eso es que se exige coherencia en la conducta cristiana. Si el accionar cristiano fuera totalmente privado y restringido a su templo, no debería sorprender la conducta en sociedad y generar tantas críticas cuando no es el adecuado. Este mismo hecho prueba que ser cristiano tiene un impacto social. Además, cada cristiano es a la vez ciudadano y por lo tanto con los mismos deberes y derechos del resto de ciudadanos.

Manejar un discurso de laicidad donde no cabe la opinión cristiana es imposible. Los cristianos no somos un grupo fanático que intentamos imponer nuestras razones desde la irracionalidad, sino desde nuestro mismo ser cristiano, que se practica en sociedad. El decálogo y el resto de la legislación que aparecen en el Antiguo Testamento, no son sólo normas religiosas, sino un modo de organizar un pueblo. Cada bautizado es Iglesia y por eso tiene derecho de hablar, opinar y vivir de acuerdo a su credo, en coherencia con su fe, pero dentro de su dimensión personal, familiar y social. Negar este derecho es también una forma de discriminación.

Los cristianos somos ciudadanos con nuestra propia opinión. Ojalá no lo olviden quienes quieren hacernos creer que ser laico es ser anticristiano y que cristiano es sinónmio de atraso y autoritarismo intolerante.

P. Freddy Yépez