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Opinión

Mensajes de esperanza

Quito, 22 de junio de 2021

Bajo la Higuera

Carlos Freile

Tomado del Facebook: Parroquia "El Señor de La Ascensión de La Primavera"

Confieso que no conocía la faceta de escritor del arzobispo de Quito, Mons. Alfredo Espinoza. Acabo de revisar y leer fragmentariamente su libro “Mensajes de esperanza” y me ha conquistado con su estilo sencillo, ameno, directo, sin adornos inútiles; me atrevo a decir que cultiva una forma de escribir “donbosquiana”, si se me permite el neologismo bárbaro. San Juan Bosco, santo a quien cada día admiro más, escribió muchísimo, sus textos iban dirigidos a los jóvenes y a las gentes sencillas, por ello evitaba cualquier muestra de sofisticación y no hacía alardes eruditos. Mons. Espinoza va por el mismo camino, talante digna de aplauso y de seguimiento. Agradezco a Dios que me haya puesto en el escritorio el libro mencionado.

En el prólogo nos cuenta el por qué escribe, su raíz no podia ser más salesiana, pues se siembra en su familia carnal y en la religiosa: de su abuelo materno le viene la vocación formal, de su fundador la razón para dedicarse a ello. Esta razón merece destacarse: ”la pasión pastoral por llegar, con un escrito, a formar el alma y el ser de cristianos”.

Destaco, en primer lugar, la “pasión”, esa cualidad de las grandes almas que se entregan enteras a su misión en la vida, sin paréntesis ni medias tintas. Nosotros, los de a pie, muchas veces tentados no tanto por los grandes pecados sino por la mediocridad y las cobardes medianías, debemos aprender a poner pasión en todo lo que hacemos, atrevernos siempre a dar lo mejor de nosotros mismos, en términos futbolísticos, jugar hasta los partidos en el barrio o en el colegio como si fuera la final del Mundial.

En segundo lugar, relievo la finalidad de escribir: “formar el alma y el ser de cristianos”; en un religioso, sacerdote y arzobispo, esta es la única finalidad de toda acción: ir a la médula de su existencia, resumida por Don Bosco en su lema “Dame las almas y llévate lo demás”. En este mundo de compromisos destructivos, admiremos la virtud de la coherencia, saber ser lo que se es en todos los momentos y actividades. Recuerdo que Saint-Exupéry decía que no podía ni quería distinguir su oficio de escritor de su profesión de aviador, ambas se unían en su misión de hombre. De igual manera, Mons.Espinoza escribe en tanto es sacerdote, así respira, así predica, así sonríe, como sacerdote, no sabría hacerlo de otra manera. Y como sacerdote salesiano, demás está decirlo.

¿De qué trata el libro? Lo dice el mismo autor: “Hablo de alegría, solidaridad, fortaleza, unidad, esperanza, confianza, fe, optimismo, soledad, madre, padre, oración, los pequeños detalles, la importancia del otro…” En pocas palabras habla de nuestras vidas, de esas realidades, pequeñas pero grandes, que nos ocupan y preocupan; son textos que nos ayudan a la reflexión, a la meditación, a la plegaria.

Me permito animar a mis lectores que lean este libro, que lo vayan desmenuzando poco a poco, en él encontrarán la respuesta a tantas preguntas, la señal para escoger un camino.

Los fieles de la arquidiócesis de Quito agradecemos al señor arzobispo por esta que él mismo llama “su primera carta pastoral”, distinta, escrita “con la tinta del corazón”. En medio del dolor de la pandemia nos trae mensajes de esperanza, bastones para el camino.