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Opinión

Opinión: Iglesia en desbandada

Quito, 27 de enero de 2022

BAJO LA HIGUERA - PARROQUIA LA PRIMAVERA
Carlos Freile

Un reportaje último del Wall Street Journal ha puesto otra vez en el tapete el doloroso tema de la incesante emigración de fieles católicos hacia las iglesias protestantes en América Latina. Según varios estudios los católicos ya no son mayoría en Uruguay, Centro América, excepto Costa Rica, y dejarán de serlo en Brasil este año. En 2014 el 69% de los habitantes de nuestro continente se declaraban católicos, en 2018 el porcentaje había bajado al 59% y sigue cayendo. Hoy en día la mayor fuerza de los católicos y la perseverancia más sólida se halla en los grupos carismáticos que alcanzan cerca del 23% de todos los miembros de nuestra Iglesia. También se percibe más fidelidad en los grupos conservadores “que reviven la misa tradicional” y “fortalecen la apologética en defensa de la doctrina católica”, dice el reportaje.

¿Cuáles son las causas de esta desbandada? Tanto el mencionado reportaje como otros estudios publicados con anterioridad señalan a la teología de la liberación como una de las más importantes: muchos eclesiásticos se volcaron más a la búsqueda de la justicia social que a la predicación del mensaje de Jesús. Por eso en ciertos ambientes se repetía una frase amarga: “La Iglesia hizo su opción por los pobres, los pobres hicieron su opción por los protestantes”. Personalmente escuché a un cardenal chileno contar que un obispo ecuatoriano le había confesado que llegaban donde él muchas personas humildes y le decían: “Le agradecemos todo el esfuerzo que ha hecho por nuestro bienestar material, pero nos hacemos evangélicos, porque ellos nos hablan de Dios”. Benedicto XVI, en uno de sus escritos, cuenta lo mismo, pero referido por tres obispos latinoamericanos.

Sin negar las consecuencias negativas de ese activismo, no solo clerical sino también laical, que descuidó la proclamación del mensaje de Jesús, considero que hubo otras causas que ayudaron al alejamiento de muchos católicos de su Iglesia. Y no solo de estratos pobres, sino de clases medias y altas. Muchos dejaron del todo la fe para adoptar posturas escépticas, indiferentes y ateas; otros no se volvieron protestantes sino miembros de cultos orientales o esotéricos. ¿A qué otras causas me refiero?

Se pueden resumir todas ellas en una: ignorancia. La masa católica no ha sido formada en su fe, muchas veces se le ha dado un barniz de catolicismo en la preparación de los sacramentos iniciales y punto. Además, ha quedado sumida en el total desconocimiento de las realidades pasadas y presentes de su Iglesia, por eso se ha visto indefensa frente a los ataques de los enemigos en los centros educativos y en los medios de comunicación. Nadie puede caer en la ceguera voluntaria de no identificar a esos enemigos: protestantes, masones, marxistas… El bombardeo sistemático de calumnias ha logrado enemistar a los fieles con su Iglesia: que la Inquisición, que la masacre de indígenas en la conquista española, que la complicidad con los explotadores, que el silencio frente a los crímenes nazis, que las riquezas, que las muertes criminales en los internados… Muchísimos católicos, aun con niveles culturales más altos, han aceptado esas calumnias, y otras más, sin ponerse problemas ni plantearse preguntas.

Cito, una vez más, la sentencia de san John Henry Newman: “El conocimiento de la verdadera historia de la Iglesia significará el fin del protestantismo”. Seamos sinceros y valientes: citemos las instituciones católicas de educación en donde se dicten cursos serios sobre Historia de la Iglesia, enumeremos las iniciativas de los pastores para que el pueblo fiel conozca su verdadero pasado y quedaremos desolados.

Tampoco perdamos de vista “el misterio de iniquidad”, obra del Demonio, que actúa en el mundo, ni dejemos de lado la libertad humana con su aderezo de soberbia y de hedonismo; por ello, junto al propio esfuerzo en la defensa concreta y científica de nuestra Iglesia, convencidos de ser “siervos inútiles”, debemos amar a los prójimos descarriados (alejados del verdadero camino a la salvación) y rezar por ellos, porque “hay clases de demonios que no se pueden vencer de ninguna manera si no es con la oración y el ayuno” como afirma san Marcos (9,29).