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Opinión

Viejas falsedades

Bajo la Higuera
Carlos Freile

Con motivo de la fiesta de san Ignacio de Loyola me dediqué a revisar viejos libros de Historia sobre el tema de la llamada Reforma y de la respuesta católica, entre ellos pasé somera revista al estudio publicado en el siglo XIX por el connotado historiador protestante Johann Gustav Droysen, “La Contrarreforma”; allí, entre otras perlas encontré la siguiente en referencia al voto de obediencia: “Contra estas órdenes autoritarias no hay que tener consideración a la razón, a la moral, ni a la conciencia, ni cuando se manda la comisión de un pecado. El pecado no es para los jesuitas la falta a la ley de la moral, sino la falta de la obediencia debida a los superiores”. Muchos lectores habrán pensado que estas líneas reflejan con exactitud un aspecto de la Compañía de Jesús, pues contra ella desde muy temprano se levantaron todo tipo de calumnias. Pero el aficionado a los estudios históricos no puede menos de preguntarse cómo era posible que un intelectual de la talla de Droysen incurriera en semejante adulteración de la realidad.

En primer lugar, sufrió la influencia de los teóricos del Protestantismo, quienes para justificar su revuelta contra la Iglesia no solo sacaron a luz algunos errores de sus miembros sino que los adulteraron y multiplicaron; no contentos con ello se dedicaron a inventar supuestos crímenes cada cual más espantoso que otro, basta recordar el truculento y falso libelo llamado “Taxa Camarae”, supuestamente escrito por León X. Con ello trataban de justificar su ruptura y negación de la autenticidad de la Iglesia como fundada por Cristo y mantenedora de la Fe de los Apóstoles.

En segundo lugar, su convicción de que la historiografía debe servir a un proyecto, en su caso el de fortalecer la monarquía prusiana, luterana y perseguidora de la Iglesia Católica; esto a pesar de haber contribuido de manera notable al avance en el estudio de la crítica de las fuentes, pero cuando se escribe sobre el pasado para justificar un presente siempre se cae en la falsedad y en el prejuicio. Es evidente que Droysen se dejó embaucar por quienes afirmaban que otro conocido pasquín, “Monita secreta”, atribuido al padre Claudio Acquaviva, quinto general de la Compañía, es auténtico.
En descargo de Droysen se podría reconocer que no estuvo al tanto de los estudios que ya en su tiempo demostraban la falsedad del documento. Pero también entre nosotros, y no hace mucho tiempo, en un libro publicado por la Academia Nacional de Historia, uno de sus miembros sostiene la veracidad de las “Monita”, con toda certeza desconocía que en 2005 Sabina Pavone publicó un estudio demoledor en que desvirtúa totalmente la tesis defensora de la autenticidad del libelo.

Esta última circunstancia nos hace tocar con mano como las viejas falsedades son rejuvenecidas de cuando en cuando y se las quiere maquillar con el fin de presentarlas como nuevas; cada cierto tiempo no falta quien descubre el agua tibia y cree que ha puesto su pica en Flandes para contribuir al descrédito de la Iglesia Católica. Sin embargo, tal vez lo más grave sucede cuando son los mismos católicos, incluidos eclesiásticos y profesores de sus instituciones educativas, quienes propagan esas viejas falsedades nuevas con la intención de demostrar que son objetivos y, sobre todo, muy respetuosos de lo “políticamente correcto”.