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Opinión

¿Y qué querías del olmo, peras?

P. Johny Hermida M.

Vivimos en un mundo regido por el relativismo, donde muchos pregonan un ateísmo práctico. Donde se cree que basta tener un muro para pretender decir la verdad.
Mundo donde lo mediático es más interesante que la historia. Donde los libros se han convertido en adornos de las salas de estar.

Mundo esquizofrénico que ve machismo en la gramática, acoso en la galantería, libertad en la violencia.

Mundo, donde lo políticamente correcto no sólo que es suficiente sino indispensable para quien opina.

El mundo cambió. Claro que si. Pero el ser humano sigue su camino evolutivo sin renegar de sus orígenes y encaminando sus pasos hacia el construir de su historia.
Es ese ser humano el que tiene grabado en su memoria histórica y biológica de donde viene y a donde va.

Sigue en sus búsquedas de trascendencia. De sentido religioso, más allá de cualquier religión formal. Sigue preguntándose sobre el por qué de las cosas y sigue buscando respuestas a la sinrazón de la muerte.

Sin embargo, con el marco del relativismo, se hace harto difícil llegar a buen destino en estas búsquedas.

¿Acaso para conocer a Cristo, su Iglesia, su historia, netflix es la fuente?
¿Acaso para saber de biología habrá que acudir a una transnacional de cosmética y de venta de órganos?

¿Acaso para saber de leyes habrá que acudir a románticas e idílicas sagas de ficción?
¿Acaso bastará tener mayorías, poderosas mayorías, para hacer lo correcto?
Cuando uno no vive como piensa, termina pensando cómo vive.

Si el relativismo impera en ti, y ejerciendo su dictadura, el mundo se irá configurando con esa imagen.

No esperemos peras, si lo que sembramos son olmos.